En un partido denso, un amargo Chelsea consiguió la primera Champions League de su historia, y que mereció ganar solo por el gigante Drogba. Todo ante un Bayern que aparecía como favorito por su condición de local, pero que no supo desarrollar su juego.
19.05.2012

Luego de un torneo que no dejó muchas emociones, el Bayern de Munich y el Chelsea de Londres se encontraron en la final de la quincuagésimo séptima edición de la UEFA Champions League (antes Copa de Europa). Ambos venían de truncar el sueño de casi todos los hinchas, periodistas y empresarios del mundo; ver enfrentados en una final de Europa al Real Madrid y al Barcelona. A Lionel Messi y a Cristiano Ronaldo. A José Mourinho y a Josep Guardiola.
Llegaba el Chelsea luego de vencer en Stamford Bridge por 1 a 0 al Barcelona, y empatar 2 a 2 en el Camp Nou. Un duelo que era visto como una posibilidad de revancha para los ingleses, que fueron eliminados por los catalanes en la edición 08/09 en una llave que empataron a cero en España y que en Inglaterra los azules ganaban 1 a 0 hasta el minuto 93, cuando Andrés Iniesta quemó su último cartucho para anotar un gol de antología que valdría el pase a la final. Esta vez sería Fernando Torres, quien abrocharía en el minuto 91 la oportunidad, por segunda vez en su historia, de definir el título más importante de Europa a nivel de clubes.
A su vez, el Bayern lograba eliminar por enésima vez al mejor equipo, en los números, de la historia de la Liga Española. La llave terminaría empatada, ya que ambos equipos lograron una ventaja de 2 a 1 en condición de local, forzando los penales. En la instancia fallaría Cristiano Ronaldo y Sergio Ramos, dejando al Madrid nuevamente sin su ansiada décima Champions.
De cara a la final, los alemanes contaban con la ventaja de la localía y de contar con dos extremos rapidísimos que por el hecho de dominar distintas piernas son totalmente compatibles; el francés Frank Ribéry y el holandés, ex Chelsea, Arjen Robben. Los ingleses, por su parte, llegaban con bajas importantes en defensa, ya que John Terry fue expulsado en la semifinal por pegarle un cobarde pancorazo por detrás a Alexis Sánchez y Branislav Ivanovic quedó suspendido por acumulación de tarjetas amarillas. Además, no podían contar con el brasileño Ramires, fundamental en el equipo a la hora de armar el ataque.
El primer tiempo del partido fue muy apretado, y las figuras que debían aparecer no lo hicieron. Ribéry sufrió el juego brusco de los defensas del Chelsea, y finalmente le pasaría la cuenta. Robben lo intentó muchas veces de forma individual, pero sus remates no causaron gran peligro, excepto uno que Petr Cech desvió y pegó en el travesaño. Mario Gomez tuvo una clarísima, luego de amagar en el área de gran forma a Cahill, pero remató al techo del estadio. Juan Mata tampoco logró mostrar su calidad en ningún momento del partido. Y de a poco, empezó a aparecer la figura gigante de Didier Drogba, quien se ha transformado desde el bajón futbolístico de Lampard y desde que Terry hace más noticia fuera que dentro de la cancha, en el estandarte del Chelsea. Jugando de todocampista, el marfileño se comió la cancha, cabeceando defensivamente y armando los contragolpes.
En el segundo tiempo la cosa no iba a cambiar hasta el 82, cuando Thomas Müller cabeceó un buen centro al segundo palo, picando una pelota que pasaría increíblemente entre Cech y el travesaño. Parecía que el partido estaba definido, sobre todo por lo que el Chelsea había mostrado hasta ese momento en la cancha, y que por no poder quitarse el miedo a perder, estaba perdiendo. Pero, al 87, aparecería Drogba, picando en diagonal desde el centro del área al primer palo, llevándose a cuestas la marca y capturando un tiro de esquina, dándole a la pelota un cabezazo potentísimo, imparable para el joven Neuer. El partido se iba al alargue.
Las cosas no iban a cambiar, y los jugadores acusaron el final de temporada. El ingreso de Torres al final del segundo tiempo ocasionaría buenas jugadas, pero que finalmente no pudo concretar. Y en los penales, fallarían el buen croata Olic y la bandera alemana Schweinsteiger, dándole al espectacular Drogba la oportunidad de definir de manera sobria, digna de su calidad como persona, para llevarse el partido, el título y a la consentida orejona, la guapa de la fiesta, para la casa.

Fe de erratas: me comí el penal =D
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